Desde las colinas de Santiago, capital de Chile, hay maravillosas
vistas de los impresionantes parajes que rodean la ciudad. Entre ellas destacan las cumbres nevadas de los Andes, que se extienden hacia el este.
Antes de que el explorador español Pedro de Valdivia fundase la ciudad de Santiago, a
orillas del río Mapocho, el 12 de febrero de 1541, este lugar estaba habitado por los
picunches, un pueblo nativo. Santiago creció lentamente durante la época que estuvo bajo
control español, hasta que en 1818 se convirtió en la capital del Chile independiente y
se construyeron nuevas carreteras y diques, un tren
entre Santiago y el puerto de Valparaíso y otras
instalaciones para satisfacer a los aristócratas locales y para atraer a ricos empresarios. Durante el siglo siguiente, la ciudad continuó
creciendo rápidamente al englobar a ciudades vecinas. La población de Santiago se
disparó debido a la gran cantidad de trabajadores del campo
que levantaron poblados en zonas periféricas, llamados poblaciones callampas.
Santiago es una ciudad enorme y moderna, cuyo núcleo está estructurado siguiendo el
modelo tradicional español, plano en damero. En la avenida Bernardo O'Higgins, llamada
así en honor del libertador de Chile y construida sobre tierra ganada al río Mapocho, se encuentran los principales lugares de diversión. En
las faldas de la colina de Santa Lucía, actualmente
convertida en un bello parque en el centro de la ciudad, existen dos fortalezas
coloniales. Los museos, las galerías de arte y los teatros abundan en esta ciudad cosmopolita, cuna de muchos artistas chilenos de renombre.

|